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viernes, 12 de julio de 2013

Cómo cargar tu cuerpo y espíritu de luz



Para lograr que tu ser esté lleno de luz se requiere de varios detalles, que a continuación explicaremos:
1.- Primero que nada, debemos darnos cuenta de qué es la vida y para qué hemos nacido. (Lo cual requiere de tiempo, análisis y meditaciones variadas, además de estudiar múltiples cuestiones. En síntesis, lo más difícil de todo es este punto).
2.- Tener presente que se atrae lo que se irradia.
 
3.- RECORDAR lo del punto primero, para que resulte fácil cambiar nuestra actitud.
 
4.- Haber corroborado y también RECORDARLO, que nada es casual y que jamás estamos “solos” ante las dificultades que no son otra cosa que pruebas o desafíos a nuestra capacidad.
 
5.- Y si cumpliendo los puntos anteriores aún no es suficiente, respira profundamente; concéntrate en percibir la sensación del aire repleto de energía que ingresa e inunda, no sólo a los pulmones, sino que también se irradia esa energía contenida (llámale oxígeno si prefieres) del mismo modo por la sangre hasta para la más humilde y recóndita de tus células.
 
6.- Inmediata o paralelamente (entre inspiraciones) solicita al universo entero (o a Dios) con toda el alma, cerebro y corazón concatenados, que te ayude enviando la energía que te está haciendo falta de forma abundante.
 
7.- Percibe desde entonces que además de la energía que ingresa con el aire; llegan infinidad de seres pequeñísimos, como estrellitas que revolotean alrededor tuyo, acercándose, enviados por Dios, o convocados por nosotros; para prestarnos su asistencia como si sus “picaduras” (contacto con la piel) nos fortalecieran aún más la zona donde tocan, además de relajar y descontracturar las zonas tensas.
 
Si haces esto correctamente, aunque casi no hayas dormido y tengas días de lo más activos y tensionantes, podrás maravillarte de lo efectivo que resulta. Obviamente: mientras no abuses y lo hagas por verdadera necesidad. (Porque nunca faltan quienes pretenden lograrlo para estar de juerga, llevando vidas disipadas durante varios días. A éstos, NO les dará resultado).
 
Tienes que seguir estos pasos bien concentrado y lo más relajado posible. Al principio, de tener la oportunidad, al aire libre en contacto con la naturaleza. O, al menos, tratando de evitar que haya estridencias (como gritos y bocinazos), cual si fueras a realizar una meditación de apenas unos pocos segundos o, como  mucho, un par de minutos. Porque no hace falta más tiempo.
 
Cuando tengas práctica, podrás hacerlo con efectividad aún en medio de los peores ambientes o circunstancias, con sólo un par de suspiros.

viernes, 18 de mayo de 2012

¿Quienes son los Ángeles?



Los ángeles son los “ayudantes invisibles” que tras una llamada nuestra están preparados para intervenir en nuestro favor, pero respetando siempre las leyes del karma.

Son seres de luz, de muchos niveles evolutivos, que se mueven con armonía en torno a nosotros. Son admirables seres cuyas vidas inspiran y crean todo en la naturaleza.

Los ángeles son seres espirituales, y todos nosotros somos seres espirituales, pero espiritual no es sinónimo de religioso, aunque muchas religiones puedan ser muy espirituales. La espiritualidad es algo que todos llevamos dentro y de la cual demasiado a menudo estamos desconectados. Lo espiritual en nosotros es lo que da sentido a la vida, haciéndonos conectar con nuestra esencia, con la paz mental. Descubrir el mundo del espíritu, nos dicen los ángeles, es como volver a nacer.

Los ángeles pueden hacernos recordar nuestro origen espiritual y nuestro fin divino. Pueden ayudarnos a restaurar nuestro estado y a vivir una vida de acuerdo con lo que realmente somos. Sólo tenemos que hablar con ellos, pedírselos humildemente, con fe, con esperanza, con convicción.

Seres de luz, los ángeles son manifestaciones de lo divino que esperan que los acojamos en la simplicidad y en la pureza del corazón, en los brazos del niño mágico que hay dentro de cada uno de nosotros. Quieren que los abracemos, pues ellos nos abrazan constantemente y nosotros no nos damos cuenta.

Un ángel es energía, es presencia, sea cual sea el nombre o la imagen con que la tradición humana le ha denominado. El ángel es realidad. Que el hombre moderno lo crea o no, el ángel existe, nada podrá cambiar su ser. No importa que no lo veamos; tampoco podemos ver el sonido de la música ni el olor de un perfume, sin embargo eso no hace que no existan. Además, el que no los veamos con nuestros ojos físicos no es lo más importante, ya que hay cosas como la electricidad, que tampoco llegamos a ver, sino que solamente percibimos sus efectos.

Con los ángeles ocurre algo parecido. Por regla general, y salvo que ellos deseen lo contrario, no podemos verlos, pero sí podemos sentirlos. No es necesario hacer complicados ejercicios de visualización para ver a los ángeles. Sólo es necesario que percibas o, mejor dicho, que te des cuenta del fruto de su trabajo y que lo agradezcas.

Debemos comprender que los ángeles quieren ser nuestros amigos. Son nuestros compañeros en el viaje de la vida por este planeta cuyo amor, luz y sabiduría puede enriquecer nuestras vidas enormemente. Quieren compartir con nosotros y ayudarnos a crecer hacia el único destino espiritual que es el nuestro. Su guía y apoyo son maravillosos, y debemos alegrarnos y dar gracias por ello.

Los ángeles son nuestros amigos, no nuestras herramientas ni nuestros criados personales a quienes podemos dar órdenes. Sirven a Dios, que es Amor, y la única agenda que conocen, es el Plan Divino.
Hay una clave en la misma palabra “ángel”, derivada del griego Angelos, que significa “mensajero”. Los ángeles son mensajeros de nuestro Creador. Contienen en sí los patrones básicos de la Creación, que se tornan manifiestos en nuestro mundo tridimensional.

Ellos obran con nuestras almas en conjunción con la Mente Universal, para ayudarnos a elevar la visión y el espíritu, recordándonos la verdad, la belleza y la bondad que existe dentro de todo. Al invocar a nuestros ángeles para que nos ayuden a ejecutar tareas tanto mundanas como inspiradas, podemos confiar en que todo sucederá de acuerdo con la Voluntad Superior y no sólo con la nuestra.

Mediante esta colaboración perdemos nuestra sensación de aislamiento, empezamos a comprender realmente que no estamos solos y carentes de apoyo; que en nuestro derredor hay ayuda y guía por doquier. En esta forma comenzamos a abrirnos al estado de gratitud en el que pueden ocurrir los milagros.